Ciertamente la semana pasada estuvo siendo complicada por aquí en Barcelona.
Llevaba semanas, si no los últimos meses, diciendo o diciéndome que me he desconectado de esa Cataluña de ERC, CUP y JxCat o cómo se hagan llamar. Los del hemos pasado pantalla, los del referéndum que ya estaba pasado, los de exigir a la juventud que fuesen traidores a la tierra, los de Roma no paga a traidores (allí en un mitin conjunto
in your face)… los de que si un alcaldesa empatiza y dice que esto va de democracia, le responden otros alcaldes con lo de IN-IN-DEPEN-DEN-CIA, los de ahora hay República y ahora no se sabe… los de el pueblo dice, el pueblo desea,… los que delimitan la democracia y de qué es honorable y sensible hablar. He desconectado, otros catalanes lo habrán hecho de España, o eso dicen, o eso decimos, pero hay más como yo.
Hay comentaristas que dicen que hay muchos catalanes movilizados contra la sentencia y que no son independentistas. Es verdad, seguro. Pero yo detecto muchos que no éramos independentistas, por mil motivos o sólo por una cuestión sentimental, y que podíamos defender el derecho de autodeterminación, y que ya pasamos.
El uno de octubre voté nulo, puse Mireia Boya en mi papeleta, como lo que era, un acto reivindicativo más. Quizás por una cuestión sentimental o por mucho más, por una cuestión amorosa.
Y ha venido la sentencia, han venido las protestas, los disturbios y las cargas. Y lo he mirado con distancia, como espectáculo,
sobre todo las noches en BTV. Les sonará frívolo, pero como espectáculo televisivo el seguimiento en la televisión local de Barcelona, era televisión total: reality (los protagonistas parecían olvidarse de la cámara), carrusel deportivo (se conectaba con una barricada de un cruce como hace años por un gol en Las Gaunas), comentarios de San Fermín, y análisis diversos… Al final uno se atreve a opinar sobre cmo hay que hacer un barricada o cómo atajarlas desde las diferentes policías. En algún momento llegué a pensar que lo estaban dejando alargar para que acabásemos pidiendo que arrasasen, cada uno a los suyos.