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miércoles, 19 de mayo de 2021

¿Da para un VOX de extrema izquierda?

Así a bote pronto a mí también me sorprende lo que se intuye en la pregunta, aunque sea yo quien la haga. Se supone que cuando uno escribe tiene que tener muy claro lo que va a decir pero, una vez más, no es el caso sino más bien una exposición de inquietudes e intuiciones. Allá vamos.

Noto cierta fragua de organizaciones y personajes que se me van mostrando con cierto desacomplejamiento respecto a ciertos temas que en las últimas décadas en España iban más ligados a las derechas que a las izquierdas, o a mis izquierdas por lo menos.

La pregunta del título daría para mucho ya solo en explicar las definiciones de algunas de las palabras que uso, como cuando le preguntaron a Unamuno si creía en dios. Pero hemos venido a debatir como se iba al 1,2,3 a jugar. No sé si hoy el único que se ha ido topando en algunos espacios, no grandes, no de mayorías mediáticas ni organizativas, donde se muestra una izquierda (a la izquierda del PSOE) desacomplejada en el tema nacional, crítica con ciertos feminismos con más apogeo mediático, reivindicación de la familia, no incómoda con la jerarquización orgánica pero posicionada desde las élites, vuelta a propuestas organizativas “duras” del pasado…

Sí, un “nacionalismo español” reivindicador de ciertos aspectos de nuestra historia que en las últimas décadas estaban abandonados: imperio o llámalo aventura americana, vocación universal o hispanismo. Interés alto en la relación en esos aspectos de historia imperial o militar de España. En la misma línea, cuando menos críticos con los “nacionalismos periféricos”, con las nacionalidades, y muy hostiles al “procés” catalán.

lunes, 20 de abril de 2020

Ante la investidura del miedo: autocontención y esperanza paciente

Sí, alegría por lo que representa para mi izquierda este gobierno, pero creo que durante mucho tiempo me quedará el pavor de lo que he ido oyendo en los ratos que he seguido el debate de investidura. Desde las acusaciones de terrorismo, hasta la putas que le pagaba Stalin no sé todavía si a Negrín, a Largo Caballero o a ambos; desde el se rompe España hasta el golpismo; de la igualdad rota entre españoles a los vivas al rey como pedradas. Miedo de las actitudes y los insultos. Miedo porque luego se pintan la piel fina y tergiversan nuestras palabras y discursos. Cosas que por cierto ya se van viendo en debates fuera de sede parlamentaria. Lo poco que escuché, he ido viendo que es terrorífico.
Miedo de que Ciudadanos o la posibilidad de un centro o incluso una derecha liberal, en el mejor y clásico sentido de liberal, quede dinamitada. Parece que Arrimadas no ha entendido bien lo de la búsqueda de un nicho para su partido y esa organización va directa a la sepultura organizativa. Cuando más se escora el PP hacía VOX, más tenía posibilidad de ser un puente y catalizador de acuerdos entre derechas e izquierdas. Se une para mí a la otra derecha que parece faltar a nivel español, el conservadurismo con vocación comunitaria, aquellos valores de la democracia cristiana por así decirlo, para los que el estado social y de derecho también era suyo, o por lo menos acordado con ellos.
En la situación que parece que nos quieren plantear las derechas, como izquierda habrá que asumir varias premisas y riesgos. Si asumimos que queremos grandes cambios, o que proponemos grandes cambios por las diversas crisis que tenemos sobre la mesa: económica, territorial, ecológica y las que no vemos. Hay que ser consciente de que esos grandes cambios requerirían grandes acuerdos con derechas que no existen. Cabría la posibilidad de asumirlos solos, pero PSOE más Unidas Podemos no llegamos a la mitad de los diputados del Parlamento, quizás nos lo deberíamos tatuar, yo también.

viernes, 14 de junio de 2019

Aristocracias de libres e iguales

Cuando acabe de escribir esto será lunes de pascua y fiesta todavía en Cataluña, dicen que por cosas de nuestra pasada vinculación al imperio franco, como marca hispánica, y en la que por lo visto Carlomagno decretó que para facilitar la vuelta después de alguna fiesta cristiana como la semana santa, se diera un día extra de fiesta para la vuelta a los lugares de trabajo después de las celebraciones en los pueblos de origen con las familias. No se fíen de la historieta que les he soltado, seguro que nos lo explica mejor la candidata autoproclamada popular por Barcelona, que seguro que sabe más de los catalanes y Cataluña que nosotros mismos: los catalanes. No digo ya de los francos, que seguro mucho más todavía por motivos obvios.Cuando empiece a escribir esto a boli, estaré en la Seu d’Urgell, capital de l’Alt Urgell, donde empezaron los condados catalanes como franquicia franca. Mi mujer me saca a ver mundo y sobre todo cataluñas; acostumbrado a las de metro y cercanías de Barcelona, mi mirada más allá a veces es de puro excursionista. En este viaje a la Seu aprovechamos y pasamos por Cardona, para ver su inexpugnable castillo. Los castillos los tenemos en común castellanos y catalanes, parece que en ambos casos fue lo que nos dio nombre: castellanos y “castelans”. El castillo de Cardona fue, además de elemento fundamental para el control de su mina de sal, pura frontera con el Al-Andalus o el califato cordobés, la potencia del momento. Potencia económica y militar, pero también cultural y técnica. Me sorprende y me alegra que tantos siglos después pueda ver en esas tierras otra vez magrebíes o musulmanes o árabes o no sé bien cómo decirlo[1], pero hablando en árabe o bereber, y en catalán y castellano, o mezclando. Buen catalán y buen castellano en los más pequeños.