Esto no es sociología ni antropología, es básicamente algo personal, porque últimamente se pasa de la anécdota al todo con una velocidad pasmosa. Esa velocidad que nos consume y que nos impide disfrutar de las cosas que decimos que nos gustan. Ya hace tiempo que me di cuenta que lo que más le decía a mí hijo era rápido, rápido. En varias acepciones y formas, más sutiles y más veloces. Llegué a la conclusión de que le decía más rápido que te quiero, casi convencido. Y por algún sondeo que hice, sigue sin ser todavía sociología, no era el único.