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martes, 27 de junio de 2023

Próxima estación.

En casa me han enseñado cierto escepticismo y algo de descreimiento. Eso no ha impedido la militancia y tú equivócate como quieras de mi padre, él ya lo hizo a su manera. Pero por eso no ha dejado de tener un abc claro, llámenlo dogmática o mejor axiomática, que sigue con los valores a la izquierda, y con a mi modo de ver una tolerancia muy humanista, de las propia limitaciones humanas y militantes. 

Mi madre es especialmente escéptica. Religión y fútbol son su especialidad, y ante el morro de algunos, más morro y risas le echa ella. En cualquier caso me quedo de cuando más joven y seguidor del Barça me alegraba por aquellos trofeos de Cruyff como entrenador, no sólo yo sino también mi hermano, ella nos decía “¿pero acaso os vais a comer las gambas vosotros?”. Pues no, nosotros no nos íbamos a comer las gambas de aquella celebración, se entendía aunque a mí me gusta más el pollo al'ast. 

Ahora que soy perico, quizás por algún mismo motivo que tuvo mi padre para ser culé desde pequeño en su pueblo manchego, me quedo con otro comentario de mi hijo. A veces, él culé, viene conmigo dónde se reúne la peña blanquiazul del barrio a ver los partidos del Espanyol. Los hay muy críticos, en general y no dejan de quejarse de los jugadores. Algún otro peñista les hace recordar que antaño decían lo mismo de otro jugador que ahora dicen echar de menos, o que aquel jugador que ponen a caer de un burro era internacional en las selecciones inferiores de la federación. Igual lo hemos hecho malo nosotros. En ese contexto extremadamente crítico el avispado Senyoret_U que disfruta de nosotros el público del partido y nos disecciona me susurra al oído “¿no deberían criticar más a los del otro equipo y animar al propio?”. Pues quizá sí, la madre que lo parió, que ahora yo pienso en la mía y ni gambas ni primera …. ni alcaldía. 

lunes, 26 de abril de 2021

Más rápido que te quiero más rápido

Esto no es sociología ni antropología, es básicamente algo personal, porque últimamente se pasa de la anécdota al todo con una velocidad pasmosa. Esa velocidad que nos consume y que nos impide disfrutar de las cosas que decimos que nos gustan. Ya hace tiempo que me di cuenta que lo que más le decía a mí hijo era rápido, rápido. En varias acepciones y formas, más sutiles y más veloces. Llegué a la conclusión de que le decía más rápido que te quiero, casi convencido. Y por algún sondeo que hice, sigue sin ser todavía sociología, no era el único.

domingo, 31 de mayo de 2020

Por fin domingo de niños

Pues antes de ayer, domingo, fue el día de en el que pudieron salir una hora a pasear los niños como el mío. Mulligan dirá que no, pero en casa tenemos claro que la entrevista al Senyoret_U aquí en Debate Callejero fue la espita que movió la bola que dio a la rueda que lanzó al gobierno a buscar alguna mejora en la situación de los niños en este confinamiento agravado para ellos, que ni siquiera podían hacer algún pequeño recado, o acompañarnos para comprar el pan o tirar la basura. Por medio, una semana con dudas en la decisión final y la propuesta llevada a cabo. Primero el gobierno y el presidente con una primera aproximación ilusionante, luego la portavoz Montero parece que aportando tu reinterpretación para finalmente un acuerdo de una hora de paseo de un máximo de 3 niños con un adulto en un radio de un kilómetro. Ya dije que a mí lo que proponía Montero de salir a hacer recados ya me daba aire, la verdad, pero mucho mejor la propuesta final. En Cataluña, pues hemos tenido de todo, empezaré con lo leído a una pediatra en un medio importante como La Vanguardia:
Todas las experiencias que vivimos modifican la estructura cerebral, toda la vida, y tienen repercusiones en nuestra salud mental a largo plazo”, señala Beà, que prosigue que “es importante el acompañamiento que hagamos ahora de los niños y también una vez acabe el confinamiento, para ayudarles a digerir qué ha pasado. Seguramente, recordaremos este periodo, pero no necesariamente de forma que pueda lesionarnos la vida. Si la gente logró sobrevivir a los campos de concentración y llevar una vida plena y saludable, no hay por qué dudar que los niños también lo harán”.

domingo, 26 de abril de 2020

Coronavirus: la voz de un niño (12/04/2020).

Tú eres el Senyoret U, ¿cuantos años tienes?
Nueve. 
¿A qué curso vas?
Cuarto. Haré los diez el once de agosto. 
¿Dónde vives?
En Sants. 
¿Sants qué es? ¿Un pueblo? ¿Una ciudad? ¿...?
Es… un barrio de Barcelona. 
¿Es grande o es pequeño?
Bueno, está bien. 
Hay mucha gente por aquí. Vive gente enfrente, vive gente arriba nuestro. 
Sí [sonrisas], por la calle no. 
No es un pueblecito.¿Y usted y yo de qué nos conocemos?
Porque yo si tu hijo y tú eres mi padre. 
¿Qué está pasando estos días?
Pues que ha venido un virus nuevo. Que aún no saben de dónde ha venido ni qué ni cómo. Tienen sospechas y está contagiando a mucha gente. Mucha gente se está muriendo y por eso han dicho que nos tenemos que quedar en casa.
¿Y porque nos obligan a estar encerrados?
Pues porque si hay mucha gente por la calle, si uno tiene el coronavirus podría contagiar a mucha gente. Y entonces si estamos en casa es mucho más difícil que se contagie. Y así se contagie por toda la gente y sea el fin del mundo. 
Yo me acuerdo que tú al principio, antes de que nos confinasen, cuando traía el yayo el periódico, lo mirabas y te informabas. 
Sí.
¿Y eso por qué era?
Para enterarme un poco, para saber, por que yo ya me imaginaba que nos confinarian. Me imaginaba que tardarían más, no pensaba que sería ese día, pero sabía que pasaría para ver como iba evolucionando. 

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Pajaritos de magia para un 1 de noviembre

Estar desayunando y ver un pájaro en el balcón no quiere decir nada y tampoco es tan extraño en una ciudad como Barcelona. Este verano se nos acercaba un mirlo, pájaro negro y pico naranja, que usaba las macetas donde plantamos con el Senyoret_U lo que me va apeteciendo, como escondite para los frutos de la palmera de la calle. No colaboraba plantando sino que me destrozaba con sus trabajos los míos. La vimos hacerlo y contra los consejos de mi padre no tomamos ninguna medida más allá de poner uno de los enanitos de jardín que tenemos mirando desde dentro de casa hacía el balcón. Puse el mío, el clásico con su barba blanca y espesa y su rastrillo metálico. No acabó de funcionar y lo quité por miedo, razonable a que cayese sobre el vidrio de la puerta del balcón. Más que balcón balconcillo.

De hecho cuando voy de vacaciones lo pongo allí y el de Zeta, que es más bonito que el mío, a la entrada de la puerta. Allí los dejo vigilando en los 2 puntos débiles defensivos de nuestro hogar. Quizás los enanitos de jardín domésticos no sean para eso y no tenga sentido lo que hago, pero por ahora ha funcionado y pienso que si entra algún ladrón y se los encuentra cuando menos le hará dudar si es sensato y lógico entrar en una casa con semejantes moradores.

Hace un par de semanas vinieron unas tórtolas, he insisto que he dicho tórtolas, no palomas. Y vinieron en pareja a comer unas semillas que había lanzado sobre un tiesto. Muy bonito la verdad ver a dos tortolitos. Disfrutamos los 3 mirando mientras ellos se daban un festín romántico.

Pero el pájaro del día 1 de noviembre ha sido diferente. Era un gorrión, el animal que tiene patas y no anda, porque o vuela o da saltitos. Lo ví yo y se fue y era 1 de noviembre, pensamos que podía ser la yaya Pilar. Si aparece un pájaro por el balcón es la primera apuesta, siempre decía en algunas discusiones familiares cuando alguien le llevaba la contraria en algún asunto familiar o doméstico que ya le gustaría vernos como un pajarito que hacíamos cuando ella no estaba. Y eso podía valer mientras estaba viva, como un día como el de hoy. Me dió que pensar.

No sé si al gorrión le gustaría como le va a este nieto, no sé si cuando salió del pueblo llegaría a pensar que ella que calculaba con la cuenta de la vieja y no sabía leer tendría un nieto licenciado en matemáticas. Nunca he sabido como se lo hacía para comprar y contar los puntos de la brisca. Me parece mucho más difícil que aprender números y letras y no sé qué técnica usaría exactamente.

No sé si le explica un pajarito a mi padre lo del gorrión del día 1 que dirá. No le parece mal ni le asustará como cuando alguna vez ha pensado que yo tenía un sentimiento religioso. En lo de los pajaritos creemos todos y cuando menos nos da para pensar en la yaya, su pequeña silla trenzada para llegara a todas partes, en su grito de tuba-tuba-tuba a todos los perros, la brisca, el llamarle “muy licenciado” a mi padre que es un listillo, y la palabra cascarrias.

De cuando salió de Almedina (Ciudad Real) a cuando llegó a l’Hospitalet eran casi dos países extranjeros, pero de entonces a su muerte ya son 2 Españas oceánicas y a día de hoy ni casi siderales. Ni siquiera sé qué pensaría de que yo ahora juegue a esto de encontrar sentido mágico a las cosas que me han ido a la contra pero a las que encuentro sitio, ella que era tan religiosa, de luto siempre aunque no negro del todo, ni mucho menos con pañuelo en la cabeza como menudeaban alrededor de la iglesia de Nuestra Señora de la Luz, justo al lado de los bloques de los trabajadores de la FECSA. Allí donde hice mi primera comunión.

Del ateísmo de mi padre a la puridad para las cosas de la religión de mi abuela, que discutía con la fotógrafa porque quería que yo cogiese el relicario en las fotos para el recuerdo de esa comunión, y para la artista bastaba con ponerlo por encima de mis manos que quedaba más bonito. Debate de ritos y artes, aunque lo más memorable de aquella fotos sea mi rostro a lo Antonio Machín y cuello blanco al intentar disimular las quemaduras que ha se han ido diluyendo con la edad.


Ritos, búsquedas de sentido a tan largos viajes o simple magia sobre todo lo que no sabemos pero que necesitamos ordenar en busca de seguridad, más en estos días que nos ayudan a unir dos mundos entre tantos mundos.