No me cuesta mucho imaginar a nuestro condebatiente Julio Embid de alcalde, pero sí que me cuesta mucho imaginar que llegase a la alcaldía con un proyecto para enviar a un conciudadano no ya a Marte sino ni siquiera a cualquier punto del espacio exterior a nuestra querida Tierra. Me cuesta imaginar que esa fuese la principal propuesta que presentase en su programa electoral local y que sus vecinos le apoyasen de tal manera como para conseguir una mayoría suficiente para obtener la alcaldía y la aprobación presupuestaria necesaria.
Porque le reconozco que así a bote pronto la idea me parece descabellada. Lo único que me parece razonable es que o bien han pensando en este proyecto espacial en colaboración no ya con la diputación de Zaragoza, ni con el Consejo General de Aragón, ni siquiera con España; sino con el concurso de la Unión Europea. Con la única que vería viable este proyecto, y aún así sería complicado hacer allí nuestro Kazajstán europeo.
O bien pedían algo más razonable y se ha ido encabronando la cosa, los latinos se supone que esto ya lo tenemos, ¿y ustedes también fueron fuertemente romanizados, no? Desde la proximidad y a la vez lejanía que tengo con lo que sucede en el antiguo Reino de Aragón, desde la gran Área Metropolitana de Barcelona en la que vivo, ¿no quiere decir que los bilbilitanos querían un aeropuerto?, ¿o un taller de aviones como el que tiene Teruel la que no existe?, ¿o quizás una fábrica de vehículos?, ¿o cualquier cosa parecida y hayamos confundido motor con transbordador espacial?