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lunes, 16 de mayo de 2022

El Papa de Roma no cree en dios

No sé cuántos años llevamos ya con el tema de los abusos sexuales y pederastia de la iglesia católica, tanto en sí misma como en asociaciones, entes y organizaciones vinculadas a ella. Sin ir más lejos en sus colegios, que tiene delito que aún a estas alturas haya colegios religiosos por no sé qué valores a propagar. Y clases de religión en colegios públicos porque por lo visto no deben tener locales para que sus catequistas expliquen sus ideas.

Estos abusos no son denuncias puntuales. En algunos casos son condenas, en otros han sido reconocidas por los acusados e incluso la iglesia. Son un conglomerado de denuncias, prácticas y encubrimientos muy importante y difícil de digerir por el monopolio del bien y por cualquiera. No se piensen que vuelvo a cargar aquí otra vez contra la religión y contra el catolicismo por obsesión personal o por caricatura de izquierdista o progre. No, de hecho valoro mucho a la gente que cree y actúa en consecuencia, otra cosa es qué es ser católico: ¿la religión de carácter igualitario de un Jesús que ejecutado de la peor manera según la legislación vigente o el la de la tradición de poder púrpura, grandes edificaciones y preocupación extrema por el pacatismo sexual? Me parecen muy divertidas las derechas nacionalistas europeas con su vinculación a no sé qué tradiciones cristianas, para luego ser sólo católicos de cintura para arriba y como por allí arriba llevan la cartera, su nacionalismo económico es de cintura para abajo y piernas para que os quiero para sacar el dinero fuera. Así se complementan.

martes, 26 de octubre de 2021

El Oficinista: Cuando la yaya dejó de trabajar.

La mujer siempre ha trabajado, una cosa es que se nos tenga en cuenta, pero trabajar siempre hemos trabajado. En el hogar si quieres, pero no solo en cosas de la casa. Mira que es esclavo trabajar en casas, que en un bar lo es, pero trabajar en casa lo es más, me acuerdo de las montoneras de ropa para coser, mi abuela, la yaya y yo. Y era un no parar, muy esclavo el trabajo en casa, si puedes evítalo. 

La yaya decía, un día querré no trabajar, y poco le duró. Justo dejar de hacer cosas así en casa de las que hacíamos y empezarle un malestar en este hombro. Y empezar a ir al médico y no le veían el qué, y seguía con el dolor. Poco disfrutó de “no trabajar”. Luego el brazo le dolía al ir para atrás que no podía hacer así, ¿ves? Y médicos, ahí sí ya acabó viendo el de la Seguridad Social lo que tenía, que tenía Parkinson. Entonces no se sabía mucho de esta enfermedad, le llamaban la enfermedad de Franco y poco más sabíamos. Ahora las cosas han avanzado mucho pero entonces..., costó que le dijesen lo que tenía y fue a médicos por su cuenta y de la seguridad social. El que se lo encontró era de la Seguridad Social, sí, y le dijo consulte y mire, pero ya le digo yo que no hay mucho que hacer. Ahora mismo. 

viernes, 13 de septiembre de 2019

Lo sagrado entre juras, promesas y la bodas de fin de semana.

No soy nadie como filólogo,
tampoco un humilde jurista,
ni distantemente teólogo,
sino un simple comentarista
que distrae al meteorólogo
en busca alguna breve pista.

Mañana sol y ola de calor.

Hay quien jura por la madre o por dios y la patria, o promete por su palabra y honor. No me he visto en el brete de tener que prometer o jurar, las veces que me han pedido como criaturas que lo jurase, creo haber dicho que con mi palabra valía. Lo debería haber visto en alguna película como el que me lo pedía. Pero en cualquier caso tengo claro que con la jura o promesa se ponía en prenda algo muy valioso para uno y si mentía o no cumplía lo acordado eso se perdía.