Intento ser cauteloso con todo el tema político últimamente, sobre todo en Catalunya, quizás en confluencia de pensamiento con Guillem Martínez cuando en alguno de sus artículos en CTX recomendaba no dejar de hablarnos y de retejer relaciones. O quizás porque con las discusiones en la redes sociales, cualquier cosa se vuelve surrealista en cuatrp frases, entre otras cosas porque en poco espacio y con mucha gente a la vez, las discusiones y debates son difíciles. Hay que ir volviendo al pasado cual amish para el debate político: blog y e-mail.
Aun así, al final no dejan de menudear los ataques desde los independentistas catalanes a los comunes que, no sé por qué, me acaban fastidiando. A veces se centran mucho en lo mal que va la ciudad de Barcelona, capital de Catalunya, y sorprendentemente le echan la culpa a Ada Colau al alimón con Ciudadanos y Partido Popular. Hasta cierto punto puede ser bueno volver a hablar de política municipal desde los dos extremos nacionalistas de Catalunya, que tengan cosas en común y de qué hablar y que ambos bloques nacionales expliquen “sus programas” municipales. Sería un gran inicio de las elecciones locales que están a la vuelta de la esquina cuando parece que ambos polos están más interesados en hablar de banderas, colores y trapos que de propuestas y soluciones en los asuntos de ciudad:
- Alcalde tengo un problema.
- Mi solución, mi bandera.
Pero cuando pasa ese furor municipal, se vuelve a la crítica nacionalista (catalana) o soberanista (catalana) o procesista o lo que quieran ser; que consiste en echar en cara a los Comuns la no consecución de la República. La República catalana claro.