lunes, 2 de noviembre de 2020

Devolviendo un recibo con tristeza

En estos últimos 20 años, he visto compañeros llenos de certezas irse a casa, a ICV, a Podemos y más allá. Incluso con los que se han ido al PSC he mantenido siempre la compostura, si se sube uno al caballo siempre se puede caer uno de él. Casi no les reprocho y, en muchos casos, lo entiendo, quizás con alguno, por todo lo que decía hace unos años, he respirado muy, pero que muy profundo, por lo que decía y por como lo decía. Es mejor no criticar demasiado o no hacerlo de formas poco elegantes, en cualquier caso.

Después de estos 20 años, hoy miércoles devolveré mi recibo trimestral de EUiA (lo que fué IU en Cataluña). Simplemente. Parecería que estas cosas de darse de baja y cambiar de camino requerían toda una liturgia, unos gestos e incluso unas músicas, pero no. Casi no quedan allí compañeros de los que me importen, la mayoría o se han ido a casa o nos hemos ido a EUCat, otra vez montando IU en Cataluña, otra maldita vez cuando más estábamos sumando con otros. Una minoría nos ha robado una organización a una mayoría.

Después de la bilis de ver como Comunistes y Nuet secuestraron la decisión de mi organización y contra todos los acuerdos anteriores se pasaron a ERC pero quedándose, me tengo que ir yo. Entiendo los debates y perderlos, pero robarme la posibilidad de ese debate no lo perdono. Eso sí les reconozco la guasa de hacerlo todo en nombre del “defender el derecho a decidir”, pero dentro de EUiA lo que diga una camarilla purgando y expulsando personas y debates.

domingo, 1 de noviembre de 2020

Ceci n’est pas un catalaniste

 Banda Sonora del Artículo

Un votante catalán desconectado de Catalunya y una tradición política. 

Con lo del “català emprenyat” y la desconexión de los catalanes se acertó bastante hay que reconocerlo. No sé si fue Pasqual Maragall, José Montilla o Enric Juliana o todos a la vez como un intelectual colectivo. Una descripción muy buena de la reacción Cataluña versus España. ¿Y ahora qué? Por que yo ya llevo tiempo que también he empezado desconectar de Cataluña y soy legalmente y a todos los efectos ciudadano de Cataluña; punto. No voy a hablar de los otros ni ser portavoz de los otros, hablo de mí y voy a poner a un lado cierta prudencia política que creo que acostumbro a tener. Si el procesismo, esa variante del catalanismo está desatada yo no tengo porque amarrarme. 


Vengo, o me inserto en una tradición en Cataluña determinada, la de es catalán quien trabaja y vive en Catalunya, la de “un sol poble”, la de partido “nacional i de classe”, la de inserción en cierto catalanismo y sus símbolos decimonónicos y renacentistas, … pero lo siento me siento cansado y me aparto. No me va el rollo ni el sacrificio que me comporta, me desvinculo del pacto que sentía que me obligaba. No me siento catalanista y me da igual si me consideran catalán o no a efectos nacionales. Me da igual, para ellos la perra gorda, ahora mi voto seguirá contando en Catalunya. Mi sentimiento es claramente español. Mi idioma es el castellano y tengo claras mis selecciones, mis historias y los sentimientos vinculados a ellas.

sábado, 3 de octubre de 2020

La mentirijilla como arma en la batalla del motor de Barcelona

 Hace unos años, me sorprendió que el cura del funeral de mi tío dijese que mis abuelos habían decidido incorporarlo al nacer a la santa madre iglesia mediante el sacramento del bautismo y esas cosas. Me pareció que al cura le iba bien para hilvanar su discurso y alguna cosa más, y aunque podría decir que no era verdad me tenía que callar. ¿En los años 40 podrían mis abuelos haber decidido otra cosa? Mi abuelo el que estuvo en un batallón de trabajadores después de haber perdido la guerra.


Y he vuelto a pensar últimamente con los artículos de los temas de moda en los medios y debates: ocupaciones de viviendas, la defensa de la monarquía y los cambios en el urbanismo y la movilidad en ciudades como Barcelona. Muchas veces entroncando con las “fake news” y desde medios serios y publicados en papel. 


No sé si les está llegando y de qué manera los “debates” en torno a los cambios en la movilidad en la ciudad de Barcelona. Lo que parece una necesidad de salud y de sostenibilidad: volver a darle al peatón más espacio en nuestras ciudades y por consiguiente ir quitando el espacio a motor está desatando todo tipo de noticias, artículos y opiniones contra el gobierno de la ciudad de Barcelona. 


sábado, 26 de septiembre de 2020

Ocupas denuncian al dueño que reocupó su propia casa

El título de mi post de hoy era el titular del suplemento VIVIR en Barcelona del 05/09/2020 de La Vanguardia, ya de por sí suficientemente llamativo, pero el subtítulo era aún más impactante: “Un vecino recupera su piso en Mataró al ver que los moradores que impedían su entrada estaban de vacaciones en Eivissa”. Todo esto en un verano donde las noticias sobre ocupaciones siguen acompañando las publicidades de las alarmas de seguridad que venimos padeciendo desde hace mucho tiempo.

No voy a negar que haya problemas de ocupaciones, personalmente lo vivo en mi edificio con diversos intentos que nos destrozan la fachada, pero en este caso concreto mío el problema es el SAREB que es el propietario y no lo pone en el mercado ya sea de alquiler o de venta a un precio razonable y nos retornase socialmente lo puesto impositivamente, porque el SAREB también somos todos. En cualquier caso tendríamos que ver cómo discernir entre lo anecdótico y los casos que nos explican las situaciones políticas y económicas que vivimos y cómo lo afrontamos como sociedad. Respecto a la vivienda, como sociedad ¿cuál sería el principal problema que tenemos? ¿La pobreza y el derecho a la vivienda o el derecho a su propiedad?

sábado, 12 de septiembre de 2020

El relato monárquico y Fernando Ónega por ejemplo

Muy apreciable el artículo del director de La Vanguardia, del sábado 11/07/2020, “¿Reforma o ruptura?”. No voy a entrar en los puntos interesantes y destacables asumidos por Jordi Juan en cuanto director de un medio como ese y nuestro sistema democrático. Esta vez sólo me quedo en la introducción que hace de Fernando Ónega: “Quien mejor explica este tsunami que está afectando al corazón de las instituciones del Estado es otro gran maestro de periodistas, Fernando Ónega. En su artículo en la sección de Política revela el cambio que se ha producido en la imagen que los españoles tienen de don Juan Carlos desde su buen hacer en la transición hasta sus complejas relaciones personales y económicas de los últimos años”.

Ahora vamos a la columna de Fernando Ónega, en la que él habla de sí mismo como informador. Sí, es un gran conocedor de muchas cosas y yo mismo me leo sus columnas, pero hablando del rey y de política no estaría de más ir recordando de tanto en tanto, que él también estuvo en política escribiendo “discursos y soflamas” al primer presidente del gobierno de su majestad y de su agrado personal y ha recibido premios por su labor por su labor periodística al servicio de la monarquía (española). Por situar las cosa en su punto para todos.

miércoles, 9 de septiembre de 2020

21 años del asalto al local AEP y uno de la confesión.

Presentación del Anuario de Media.cat 2019 (11/03/2020).

Allí estábamos Massagran y yo en la sede del colegio de periodistas de Cataluña, otra vez como mecenas del anuario que desde Media.cat hacen cada año como observatorio de los medios que operan en el ámbito lingüístico del catalán. El subtítulo del anuario lo dice todo: “una mirada crítica a los silencios y ruidos de los medios de comunicación”. Desgraciadamente no me suena que haya algo parecido en el resto de España.
Eran días extraños, en los que uno no sabía del todo a qué acabar de atenerse con el covid, justo 3 días antes del estado de alarma y el confinamiento en que todo nos iba a quedar mucho más claro.
Así que mientras seguíamos la presentación de los temas hojeábamos nuestro ejemplar. Me pareció ver las siglas de AEP, en un gráfico con errata, 1999: Santiago Royuela (uno del los herederos) dice haber formado parte aquel año del asalto a la sede de l’Associació d’Estudiants Progressistes (AEP). Codazo a Massagran para contrastar y flipar en común, nos conocimos en aquella asociación allí en los 90’s, añadiendo más sensación de alucinación a aquellos días de mediados de marzo.

lunes, 7 de septiembre de 2020

En el próximo artículo hablaré bien de las oposiciones.

Una vez en un reportaje por la televisión – no tanto sobre racismo como sobre inmigración en España o algo así – hubo una frase que me llamó la atención sobre la integración. Todo esto con comillas y matices. La que hablaba, quizás una socióloga o quizás alguna trabajadora de la diversidad, decía que lo de la integración no era una cosa solo de cómo los hacíamos a nuestras formas de vivir, o como les aportábamos todas nuestras virtudes, si no si pensábamos que esa mujer inmigrante nos podía aportar algo, qué podíamos aprender algo nosotros de ella. Es una cosa a la que le voy dando vueltas desde entonces en diversas situaciones. A veces la he mezclado con la idea de que cuando uno es minoría en una sociedad (soy de Izquierda Unida en Cataluña) y no es gobierno, pide que le escuchen, que le protejan sus ideas, que le hagan caso, que pueda protestar… y ya pensé ello de forma diferente cuando “los míos” (en sentido amplio) eran gobierno en Barcelona: había que aplicar todas esas cosas que pedíamos para nosotros a los otros.

Ahora que volvemos a una especie de punto 0 en esto del coronavirus y hablamos de reconstrucción, de pactos a medio e incluso a largo plazo, habría que empezar a concretar y valorar un poco cómo ha ido todo para estar preparados para hilvanar las soluciones si esta dramática situación pudiera retornar. Por la enfermedad en sí y, ya antes por la atomización electoral, se hace necesario hablar con todo tipo de gente. Sí, en una situación polarizada y con gentes en el parlamento con soluciones variopintas e incluso tensadoras de las reglas. ¿Con todos? ¿Hasta dónde? ¿De qué? ¿Con qué prioridades?